Siendo alejado del servicio militar, él decidió viajar para Listra, con el objetivo de encontrar Juliana. En Cesaría embarcó en una nave destinada a Antioquia y de allí ha seguido para la región de Licaonia, donde está Listra, una ciudad con aproximadamente 15.000 habitantes, bien protegida contra los invasores. Su situación se extendía por las vertientes de una montaña de piedras, de modo que las murallas que rodeaban la ciudad, terminaban en la roca, ofreciéndole una protección concreta. En el centro, estaba la ciudadela, con las torres y fortificaciones. Las calles eran estrechas y con gran circulación de las personas, revelando un pueblo trabajador y preocupado con los compromisos y las obligaciones de todos los días. Longinus se quedó en el Albergue de Kalil, prójimo a la ciudadela.

Por la noche la calle estaba muy clara, bien iluminada por una luna llena majestuosa. La temperatura todavía era elevada, en consecuencia del calor ardiente que hizo durante el día. Él salió para dar un paseo con la intención de conocer y apreciar la belleza local. En una plaza pequeña, donde había una fuente de agua, observó un amontonado de personas que escuchaban calladamente las palabras de un plegador. Tomado por una natural curiosidad se acercó, querría saber lo que el hombre decía. Él era Pablo de Tarso, un Apóstol del SEÑOR que enseñaba a la doctrina cristiana. La mayoría de las personas presentes eran cristianos o se preparaban a recibir el Bautismo (eran catecúmenos). Pero había también personas curiosas como él, que fueran atraídas por el vigor notable del plegador. Entonces, Longinus tuvo la oportunidad de dar testimonio de una escena notable que marcó profundamente su espíritu: "Un hombre nacido cojo que se encontraba localizado en la primera hilera, bien cerca de Pablo, oyendo las palabras sobre la misericordia infinita del CREADOR, hizo un gesto con la mano pidiendo autorización para hablar y preguntó”:

- "¿Plegador, lo que se debe hacer a conseguir la misericordia de DIOS?"

El Apóstol observó la honestidad del hombre y su esperanza en alcanzar la ayuda Divina, por eso, miró bien en sus ojos y dijo:

- "Obedece los Mandamientos y procure amar a DIOS y al próximo con todas las fuerzas de su corazón."

Después, con los brazos abiertos y mirando para el cielo, Pablo dijo:

-"En nombre del SEÑOR JESÚS CRISTO, levántese de esta silla y va a su casa."

El cojo asustado por la acción del milagro, pero con mucha agilidad y prontitud, dio un salto de la silla y quedó de pie, caminando normalmente y hasta saltando como niño transverso, mientras la muchedumbre testificando ese milagro incuestionable, admiraba y aplaudieron con gritos de felicidad, alabando y glorificando a DIOS. (Actos 14,8-10)

Pablo humildemente procuró salir de aquello lugar, mientras ellos conmemoraban. Muchas personas llenas de curiosidad quisieron ver y hablar con aquél que todos sabían que tenía nacido cojo.

El día siguiente, la ciudad que siempre se despertaba con su natural movimiento, ahora contaba con una novedad preciosa: la noticia de la cura milagrosa del hombre nacido cojo, la cual se propagó rápidamente en todas las direcciones.

Longinus aún con la agradable impresión del milagro que testimonió, luego por la mañana, lleno de disposición, empezó sus investigaciones, con el objetivo de saber donde era la propiedad agrícola del señor Orlando Taglivine. Realmente, no era difícil, porque él era muy conocido. Así, en poco tiempo estaba sabiendo la situación del rancho y la manera mejor de visitarlo. El camino era bueno y fácil, y no estaba distante.

Sin embargo, él empezó a quedarse aprehensivo. En su pensamiento fluyeron una serie de reflexiones que algunas veces lo encorajaba y en otros momentos robaba su disposición... Él pensaba: ¿Y si ella está casada?... ¿Será que después de tantos años y sin cualquier noticia, aún está ascendido la llama del mismo amor que ellos cultivaron en la juventud? ¿Será que ella me aceptará naturalmente, ahora que yo soy un mutilado de guerra?

Torturado e intimidado por un torrente de pensamientos negativos, consumió el primer día circulando por la ciudad, adquiriendo más informaciones y "haciendo madura su coraje".

Amaneció el día siguiente y ahora, él estaba dispuesto actuar porque tenía una buena idea en su pensamiento: mandó una persona comprar una caja de uvas en la propiedad del señor Orlando y hizo la recomendación, de procurar personalmente Juliana y durante la comercialización confidenciarle la noticia: "En Alejandría, en los combates contra los bárbaros del Oriente, Longinus fue herido con muy gravedad e mutilado".

EL muchacho fue y ejecutó integralmente a la misión y regresó rápidamente a la ciudad. Describió a Longinus: "Juliana quedó perpleja con las noticias, casi sin acción... Pero ella no hizo ninguna pregunta".

Administrando su táctica, dos días después, Longinus pidió al mismo muchacho que fuese comprar otra caja de uvas con Juliana.

¡La muchacha le reconoció a la distancia y corrió a su encuentro! ¡Ahora llena de curiosidad derramó un alud de preguntas! Ella quería saber todo a respecto de Longinus. Ella tenía pasado dos días terribles, en completa "ansiedad" , con la cabeza "en el aire", prácticamente sin concentración en el trabajo, envuelta por la primera noticia. ¿Ahora, por esa razón, ella quería conocer toda la verdad, lo que pasó con él, como estaba su salud y principalmente, dónde él se encontraba?

El muchacho, propiamente "preparado", tentó huir de la respuesta directa y así, presentaba argumentos interrumpidos, sin consistencia y enigmático, también porque, él no sabía de la historia del hecho que había pasado con Longinus. Sin embargo, delante la insistencia de la muchacha, él le informó la dirección del Albergue Kalil y dijo que allí ella podría lograr mejor información.

Aunque deseando las noticias actuales, su trabajo no podría paralizar. Ella esperó la mañana del prójimo domingo...

Juliana y su madre caminaron rápidamente para la ciudad.

Longinus, con su bella ropa de soldado centurión romano, lleno de expectativa vio a través de la ventana del edificio, en la distancia, dos mujeres que caminaban con agilidad en dirección al Albergue. Cierto de que ellas pudiesen ser Juliana y su madre, bajó las escaleras rápidamente y cruzó la calle y quedó con las espaldas en la dirección de donde ellas venían, dejando la impresión que miraba algo muy importante en el otro lado. Las mujeres cuanto se acercaran, habían visto en el otro lado de la calle un garboso centurión romano, hombre fuerte, de buena estatura, que les hicieron recordar a alguien muy conocido... Ellas disminuyeron los pasos y empezaron a contemplarlo... Recordaron las palabras del muchacho que fuera comprar las cajas de uvas... Mirando debidamente al centurión, ellas notaron que él no era un simple soldado, pero un graduado del ejército y que también no tenía el brazo izquierdo. Entonces ellas entendieron que podría ser él propio Longinus que estaba allí...

En un gesto afligido, queriendo esconder la sorpresa, Juliana ocultó su haz con las manos y su emoción ha transformado en muchas lágrimas, mientras su madre le abrazaba con amor tentando confortarla.

Longinus notó la proximidad de las mujeres, y aunque aparentemente continuase impasible, su corazón estaba pequeñito, apretado por un deseo poderoso de abrazar longamente Juliana, un abrazo repleto de ternura para sofocar un inmenso anhelo. Pero contuvo su ímpetu... Imaginó que delante a la realidad actual, sería mejor esperar la definición de ella...

La muchacha, después de algunos momentos abrazada a su madre, tranquilizó el espíritu y miró con determinación aquél hombre que continuaba en la misma postura, mirando en otra dirección.

La madre recomendó:

-"¿Hija, si lo desea puede regresar a casa o seguir al encuentro de los miembros de la Comunidad Cristiana?”

-"No, mamá, yo estoy bien. Sin duda, es triste verlo mutilado, todavía el más importante, es que él está vivo. Preciso hablar con él... Vamos, mi madre".

No era a vez de las palabras... Los tres se abrazara y lloraron juntos, longamente, un lloro de cariño, de recuerdos y de un inmenso anhelo. La felicidad de los tres luego brotó en oraciones y agradecimientos a DIOS por el reencontró y por la grande e inestimable alegría de aquel momento. Abrazados, caminaron juntos hasta el extremo de la calle, donde había un pequeño bosque con muchas flores y la sombra de varios árboles. Allí ellos se quedaron hablando y ni notaron que las horas en su cadencia indiferente  ya estaban bien adelantadas en el tiempo. Fue más un motivo de muchas sonrisas. Felices, volvieron a la casa.

En las noches Longinus visitaba Juliana en la pequeña granja del señor Orlando y ellos, con el pasar de los días, definirán los intereses e ideales de sus vidas y juntos, elaboraran los planes para el futuro.

El señor Orlando era casado, pero no tenía niños. Él necesitaba de una persona responsable que ayúdasele en la granja, en razón del creciente aumento de los clientes que gustaban de su producto. Así, invitó a Longinus a trabajar en la propiedad. La invitación fue considerada con mucha simpatía, mismo porque el Centurión no pensaba en dejar la suegra señora Silvana solo en la propiedad, ella que fue siempre una madre celosa y compañera inseparable de Juliana.

Los planes de la pareja comprometidos empezaron a definirse. Ellos residirían en una casa pequeña que existía en la propiedad agrícola y con el tiempo, harían las amplificaciones necesarias, para el mejor confort y bienestar de todos.

Resuelto este aspecto, decidió viajar a Jerusalén, a informar las autoridades sobre su nueva dirección y también providenciar las anotaciones necesarias para la remesa mensual del sueldo que recibía de la Legión Romana.

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